"Es preferible la injusticia al desorden."

Johann W. Goethe

Aunque nos cuente entenderlo, así se maneja el mundo. Pero todos sabemos que sin justicia no puede hablarse de orden verdadero ni de verdadera paz.

Nadie desea experimentar desórdenes, por eso, hay gente que se calla, que pierde su dignidad, que deja de ser persona y se reduce a objeto. Gente que adoptó la resignación como una manera de ir por la vida, no los juzgo, no los condeno, pero tampoco los aplaudo.

Cuando alguien denuncia una injusticia, surge el desorden, se termina la “paz”, porque la justicia sólo se logra cuando uno se atreve a luchar por lo que considera injusto… hablo de la lucha que no genera violencia, hablo de reclamar lo que nos corresponde sin reñir, usando el diálogo.

Cuando no hay respuestas, cuando quienes tienen en sus manos los medios para hacernos sentir que nuestros reclamos se oyeron y que van a ser atendidos, están ausentes, nos sentimos desprotegidos, solos contra el mundo.

En una sociedad democrática la función de la ley es la de garantizar la justicia para todos los ciudadanos y, particularmente, para los más desfavorecidos y los más débiles

Cuando esto no se cumple… estamos en problemas. Porque somos humanos y tendemos a reaccionar y a querer hacer justicia por mano propia, por naturaleza, tenemos instintos agresivos.

Para dejar atrás la furia de la venganza y la detonación de la violencia, hace falta el arte de la negociación y el acuerdo.

Nos falta vivir la tolerancia, pero para ser tolerante habrá que construir las leyes y las instituciones que defiendan al individuo y sus derechos. De no ser así, la injusticia sería el mayor de los desórdenes.