Cuando Ana Paula iba al Jardín, había en su salita, un espacio llamado “El rincón de pensar”.

Allí iban los niños que se portaban mal, a pensar un ratito, a reflexionar sobre la forma en que habían actuado. Se suponía que después, los niños se comportarían mejor.

No creo que los chicos a esa edad puedan pensar reflexivamente, pero al recordar aquello, se me ocurrió una idea:

Muchas veces sentimos culpa luego de haber actuado en una situación determinada…

¿Qué pasaría si desarrollamos una nueva disciplina que consista en dedicar un tiempito cada día para revisar nuestra conducta personal? Y en caso de haber actuado mal, hacer algo para arreglarlo…

Aunque es humano resistirse a revisar lo que “siempre hemos hecho así”, no cuesta nada tomarse un ratito, ya que lo que no se evalúa, no se puede mejorar.

El rincón de pensar… un espacio, para que podamos ver nuestros corazones, hacer autocrítica… no olvidemos que “somos lo que pensamos"...