En las escuelas de Finlandia, cuenta el crítico literario español Ernesto Ayala, cuando termina el día, los alumnos se despiden de sus maestros y les agradecen por lo que aprendieron ese día. Con este gesto, aprenden a ser agradecidos.
Si revisamos a conciencia nuestras vidas, veremos que mucho de lo que somos y de lo que tenemos es posible gracias a otros. A veces ellos lo saben, a veces no, en ambos casos merecen agradecimiento.
Es importante recordar la presencia de los demás en nuestras vidas. Memoria y agradecimiento van de la mano, a menudo también van juntos el olvido y la ingratitud.
Agradecer es un acto que ha ido vaciándose de sentido en nuestra cultura. La palabra "gracias" se convirtió en una muletilla formal que pocas veces tiende un puente entre dos personas.
El agradecimiento tiene un poderoso valor terapéutico, sana al que lo da y al que lo recibe, los enriquece a ambos.
Ese es el profundo poder de la palabra "GRACIAS".

Sergio Sinay - Escritor especialista en vínculos humanos.