Existen, al menos, dos maneras de matar al amor en una pareja. Una es pausada y a fuego lento, la otra ocurre de manera rápida. Las dos son dolorosas y nos llevan al desamor por caminos distintos.
La muerte lenta del amor ocurre con la indiferencia, principal enemiga del amor. Casi siempre la indiferencia de la otra persona duele más que un insulto o que un golpe. El desinterés por el otro desvincula e incapacita. El amor se muere en las reiteradas miradas ausentes, en la caricia que esperamos y que no llega...
No hay vuelta de hoja, a la larga, la indiferencia mata al amor, menos mal que es así, porque si no, persistiríamos en un imposible.
La muerte súbita del amor, ocurre en manos de la decepción: la mezcla de asombro negativo y desilución. Es imposible amar a quien no se admira, al menos para nosotros, que no somos iluminados ni santos. Se puede admirar sin amar, pero lo puesto, sólo se concibe desde la enfermedad.
Cuando tiene lugar la decepción, algo se rompe ( o será que antes se rompió algo por eso aparece la decepción?)y cuando intentamos pegar los pedazos, el resultado es poco menos que lamentable, aunque tengamos mucho cuidado y seamos prolijos, aunque nadie lo note a simple vista, uno ve claramente el remiendo.
Muy pocas veces podemos anticipar la decepción, sólo sabemos que existe cuando ocurre.
Lo curioso es que a pesar de todas las evidencias en contra, a veces somos muy optimistas y colocamos al amor difunto en cuidados intensivos y encendemos velas esperando el milagro de una resurrección que nunca va a llegar...
Nietzsche decía " el amor entre los humanos es muy humano, es decir, mundano y mortal. De nosotros depende mantenerlo vivo y defenderlo de sus detractores".

Ahora que lo sabemos, sólo queda esforzarnos por combatirlos.