Entre 1904 y 1909, unas cien personas que habían llegado a trabajar a la Argentina desde distintos países árabes fueron robadas, asesinadas y descuartizadas en Río Negro.

Sus verdugos, los mapuches, no sólo guardaban restos de las víctimas "para hacer gualicho" sino que, además y en varias ocasiones, asaban partes de los cuerpos y las comían, o quemaban los cuerpos, molían los huesos y hacían desaparecer las evidencias
"Son muy pocos, todavía, los que conocen esta historia", dijo Elias Chucair. "Según el sumario -agregó-, más de 130 turcos, como nos dicen a los árabes, que venían a caballo desde General Roca y Neuquén para vender mercadería en esta zona, fueron asesinados a 100 kilómetros de aquí, por Lagunitas.

Los vendedores retiraban ropa, telas o bijouterie en consignación en General Roca, y después recorrían los centros más alejados, en un momento, llegó a haber 55 árabes que habían retirado mercadería varios años atrás y que aún no regresaban.
Se hizo una denuncia formal, y se inició un largo operativo, los buscados se dispersaron. Pero los fueron encontrando y, a fines de enero de 1910, con 53 detenidos atados codo con codo y en fila india, la partida volvió del desierto. El gobierno de Río Negro, en tanto y debido a las precarias comunicaciones de entonces, se iba enterando de los hechos por los diarios de Buenos Aires.

Las declaraciones de los imputados fueron parecidas, por ejemplo, a las de Juan Aburto: "El cadáver de José Elías (una de las víctimas) fue decapitado por Francisco Muñoz quien luego le abrió el pecho y después de extraerle el corazón lo charqueó y lo puso al fuego. Entonces Julián Muñoz, padre de Francisco, lo empezó a comer y dijo: antes, cuando yo era capitanejo y peleábamos con los huincas, sabíamos comer corazón de cristiano; pero de turco no he probado y ahora voy a saber qué gusto tiene. Y después de comer la mitad le dijo a sus hijos: está rico, sabroso, coman muchachos para que se hagan guapos...". El jefe de los criminales, Pedro Vila, poco antes de ser detenido, se mudaba todo el tiempo casa, porque de noche escuchaba pasos, oía bufidos de caballos y sentía que las almas en pena de los turcos lo estaban requiriendo.
Aniceto Fusimán, dijo, al reseñar uno de los crímenes: "... entonces descarnó a uno de los turcos e hizo asar un pedazo y dio de comer a varíos diciendo que era bueno para tener coraje

La necesidad de atraer inmigrantes para habitar la Patagonia, y la excusa de defender "nuestra imagen cultural ante el mundo", hicieron que la estremecedora información fuese barrida bajo la alfombra.

Elías chucair. Escritor emblemático de Río Negro y autor de "Partidas sin regreso de árabes en la Patagonia"